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Malaga en la Antigüedad


Fenicios, griegos y cartagineses:

      La ciudad de Malaga está asentada sobre un pueblo prerromano llamados túrdulos. Desde el siglo VII a. C. fue colonia comercial fundada por los fenicios de Tiro, ya que disponía de un puerto natural al pie del monte Gibralfaro con unas excelentes condiciones de atraque y numerosos yacimientos de plata y cobre. Fue bautizada con el nombre de Malaka.

     La colonia desarrolló actividades económicas entre las que cabe destacar la industria pesquera dedicada a la fabricación de púrpura y salazón.

     Aunque no existen restos que lo demuestren pero sí documentos escritos, al menos durante 70 años fue colonia griega de Mainake.

     En el año 573 a. C., Nabucodonosor II ocupa los territorios fenicios con la intención de quedarse con el comercio con lo que la ciudad es dominada por los cartagineses.

     Desde finales del siglo VI a. C. al cambio de era, aparecen dos tipos de gentes: los Libiofenicios que habitaban en la zona costera y los de interior llamados íberos o turdetanos.

     Bajo el dominio de Cartago, la ciudad fue conquistada por los romanos en el año 218 a. C. tras las Guerras Púnicas. Este hecho hizo que las poblaciones del interior más importantes se transformaran en auténticas ciudades que a pesar de estar bajo el control romano disponían de cierta autonomía.


Malaga Romana:

      La dominación romana unificó a las gentes de la costa y del interior bajo el poder común romano, estableciéndose así colonizadores itálicos que introdujeron el latín, un uso de las costumbres que cambió la vida de la población y la explotación de los recursos naturales.

     La ciudad formó parte del área de la Hispania Ulterior, siendo un punto muy importante en la Vía Hercúlea (primera calzada romana construida durante la República que atravesaba toda la Península Ibérica uniendo la cuenca del río Ródano en la Galia con Gibraltar). Hecho que benefició a la ciudad tanto económica como culturalmente ya que estaba conectada con otros puntos desarrollados de la Hispania Interior y con los demás puertos del Mediterráneo.

     Tras la caída de la República y la llegada del nuevo Imperio, los terrenos ocupados por los romanos se fraccionaron en cuatro divisiones llamadas conventos jurídicos. Durante esta época se comienzan obras importantes entre las que cabe destacar el teatro romano mandado construir por Augusto siendo uno de los más antiguos de toda Hispania.

     La dinastía Flavia también contribuye en este hecho con el comienzo de la construcción del puerto de Malaga. El emperador Tito, procedente de esta dinastía, concedió a Malaga los privilegios de municipio. (Incluir Lex Flavia Malacitana).

     La economía procedía fundamentalmente de la agricultura de los pueblos del interior y de la riqueza pesquera de las aguas del litoral. Un producto malagueño que alcanzó gran fama en la capital del Imperio fue el “garum” malacitano consumido exclusivamente en las altas esferas de la sociedad que lo consideraban afrodisiaco. Es una salsa de pescado que mezclada con ingredientes como el vinagre, el aceite, la pimienta, el vino o el agua servía para aliñar grandes cantidades de comida. También se utilizó en cosmética y en medicina.

Dominio germánico y bizantino:

     La caída del Imperio romano da paso al dominio de germánicos y bizantinos: La fragilidad del Imperio romano facilita la conquista a los pueblos germanos que arrasan las costas malagueñas sobre el año 411.